• ¡Hola Irene! Cuéntanos un poco sobre ti...

    ¿Cuál es tu nombre completo? Irene Gefaell Valcarce

    ¿A qué te dedicas? A enseñar el mundo del caballo tanto desde arriba como desde abajo, qué es un caballo siendo caballo, qué le podemos aportar y qué nos aporta, y lograr una relación basada en una buena comunicación. También domo o trabajo caballos, basándome en la etología equina.

    ¿Nos explicas un poco cómo empezaste en el mundo del caballo? Desde que era muy pequeña, recuerdo ver a mi hermana montar, me llevaba a la hípica donde montaba y por allí me paseaba, y desde siempre me gustaron, no soy capaz de recordar algún momento donde no me gustasen o atrajesen. Cada vez que veía un caballo corría hacia él y lo miraba asombrada. Con once años empecé a formarme y ya nunca más me separé.

  • Y actualmente, ¿cuál es tu actividad con los caballos? Mi día al completo está inundado de caballos. Voy a cuidar los míos, paso tiempo con ellos, paseamos, nos acompañamos, hacemos nuestras mil y un aventuras, etc, y luego voy a trabajar a la hípica donde intento mostrar al caballo como algo más que un animal al que subirse. Siempre intento aprender cada día algo nuevo, ya sea de biomecánica, de etología, de monta, cuidados, observándoles y dejándome que me enseñen, y así no parar de crecer en este mundo. Paso horas rodeada de ellos. Junto a los míos realicé espectáculos en libertad, intentando llegar a la gente con esta forma de comunicarte con ellos.

    ¿Tienes caballos? ¡Háblanos de ellos! Por suerte, si tengo el placer de poder compartir mi vida con especialmente cuatro caballos. Aunque no sean los cuatro míos en papel, si en sentimiento.

    La primera, y la que es la niña de mis ojos, es Sasha, una yegua que llegó a mi vida hace cinco años y que me seguirá acompañando hasta el final. Pequeña pero fuerte, cruzada de caballo gallego, alazana con largas crines claras, dos medias y un cordón ancho. Gracias a ella comprendí lo que un caballo es capaz de aportarnos más allá que la diversión que nos pueda crear el montar a caballo, eso no es más que la pequeñísima punta del iceberg y además, que hay que pulir. Cuando la conocí había sido dejada de lado, sin nadie que se preocupase de ella, resabiada y odiando al mundo, atacando a quien se le acercase. No quería saber nada de nadie, porque el mundo la había odiado a ella. Nos costó nuestras historias lograr la relación que tenemos ahora, pero sin duda, mereció la pena. Ambas aprendimos y mejoramos, y no hay caballo en este mundo en el que confíe y conozca más.

    Luego esta Domino, un potro que me tiene conquistada. Él no es mío, es de un señor llamado Juan, ambos compartimos una finca, nuestro pequeño paraíso, donde nuestros caballos viven libres, en manada y felices. Pero como ya dije, aunque no sea mío en papel, lo es en sentimiento. Lo conocí siendo otro caballo más “tirado a la basura” por su mal carácter, mal carácter que le crearon, y ahora es un caballo de casi seis años que destaca por su nobleza e inteligencia. Con él he vivido grandes cosas, día tras día mejoramos y nos enseñamos mutuamente. Es hispano-árabe, aún en fase de tordo rodado, aunque empiezan a destacar pequeñas manchitas por su cuerpo.

  • La tercera que llegó fue Chispas, también de Juan, llegando a la finca con la tierna edad de apenas dos meses tras ser separada de su madre. Era miedosa, como cabía esperar en un potro tan joven y con esa historia, pero acabó siendo una pony mimosa que adora quedarse dormida al lado de alguien para sentirse protegida. Cumple ahora tres años, y es como la niña de la familia. Es pequeñita, a penas debe medir 1,10 , pía, blanca con dos manchas marrones. La criamos junto a uno de nuestros perros, tienen la misma edad y prácticamente crecieron viviendo juntos, son como uña y carne.

    Y el más reciente es Arabito, otra vez más, una historia un poco trágica. Lo conocí tras la llamada de una protectora canina que tiene galgos rescatados, La Pradera se llaman, y habían rescatado a Arabito a punto de ser sacrificado tras varios años de maltrato. Cara hundida y cortada por la cabezada, cortes, malos tratos, etc, habían logrado un caballo resabiado con el que los de la protectora, que desconocían sobre los caballos, no eran capaces de controlar. Tras varios ataques durante el año que lo tuvieron, me llamaron, pues ya no se atrevían a acercarse. Fui a verlo y efectivamente aquel día me atacó, me tiró al suelo y me pasó por encima. Fui a cuidarlo durante todas las semanas a la protectora y poco a poco logramos una buena amistad, pero a pesar de esto seguían teniendo problemas con él, así que me lo acabé trayendo a la finca. Lleva con nosotros unos meses, y no hay color al caballo que era. Aún nos queda mucho, y superar esos miedos que a veces puede tener, pero es un caballo cariñoso, que no para se seguirme y cada vez que llego corre a buscarme. Como los demás, va a bitless, disfruta de una vida en libertad y en manada, barefoot y con una alimentación natural. Es también hispano-árabe de once años, tordo atruchado, no muy grande pero si con un gran corazón.

  • Si te preguntamos, qué te aporta y qué significa para ti vivir entre caballos, ¿qué nos dirías? Que es más del 95% de mi vida en estos momentos. Tengo a mi familia, donde incluyo a mis perros y mis caballos, tengo mis amigos y tengo mi pasión. Y con eso estoy servida. Gracias a ellos soy lo que soy ahora, especialmente a Sasha, y estoy muy orgullosa de ello y muy agradecida. Me han enseñado y me enseñan mucho, me aportan una felicidad que solo ellos pueden. Son eso que te gusta tanto que a penas sabes decir el porqué empezó, simplemente lo sientes.

    ¿Qué representa para ti, ser imagen de nuestra tienda? Estoy muy agradecida de poder serlo, especialmente por lo que ello significa. Lograr una relación con los caballos basada en el respeto y la confianza.

    ¿Frase favorita? Puede parecer un poco mítica, pero la escuché de pequeña y se me quedó grabada. “Yo no ayudo a personas que tienen problemas con caballos, sinó a caballos que tienen problemas con personas” del hombre que susurraba a los caballos. Creo que resume bien los conflictos que solemos tener. El caballo es un caballo, nada más, no es tan complicado como podemos llegar a ser nosotros. Nosotros añadimos esos problemas, esa falta de entendimiento. Por lo tanto, si aprendemos, lograremos evitar ese conflicto.

    ¡Muchas gracias Irene! Nos ha encantado conocerte, y es un auténtico placer que formes parte de nuestro equipo!

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