• Paola Rodriguez

    Tenemos la gran oportunidad de que Paola nos cuente su recorrido a lo lardo de su vida entorno a los caballos. Una história llena de pasión y mucho esfuerzo para conseguir lo que es ahora su profesión y su motivación. 

     

    Mi nombre es Paola, tengo 19 años, soy estudiante de veterinaria y vivo en Gran Canaria. Mi comienzo en el mundo del caballo no es muy diferente al de la mayoría: Quería estar cerca de ellos, por lo que empecé a tomar clases de equitación en una hípica de mi isla. Allí me enseñaron las bases de la monta, y algunas disciplinas como el salto y la doma clásica, llegando a competir en múltiples ocasiones. Aún así, en el fondo de mi corazón siempre quise llegar más allá con la relación que tenía en aquél entonces con los caballos: Algo que no se basara siempre en la rutina de montar, entrenar y competir.

    Aunque muchos caballos de esa escuela me fueron enseñando ese camino, no fue hasta unos cinco años más tarde que conocí a los caballos que cambiarían radicalmente mi forma de verlos y, por ende, tratarlos. Ellos son Orión y Maya, dos de los caballos de los que soy responsable actualmente. Pero no siempre fue así… Antes de convertirme en la responsable legal, pasé seis años cuidándolos como si lo fuese en las instalaciones donde vivían anteriormente. Fueron unos años muy duros, ya que no tenía toda la autonomía que deseaba para poder hacerlo de la manera que quería, y además, los caballos no recibían la comida ni atención necesaria por parte del antiguo responsable. Especialmente Maya fue la más afectada, y estuvo desnutrida la mayor parte del tiempo que pasó allí, a pesar de todos mis intentos para que eso cambiara.

  • Hace un año desde que por fin pude sacarlos de ese lugar, y puedo velarles de un hogar donde su bienestar siempre es lo primero. Así surge uno de mis proyectos, Tempus Equum. Nació como una idea de poder ofrecer a más personas unas instalaciones donde poder dar a sus caballos una vida propia de caballo: Libertad de movimiento, vida en manada con otros equinos, forraje siempre disponible, etc. Pero al cabo de un año ha evolucionado a algo más. Mi propósito actualmente es brindar conciencia a los humanos que se encargan o tratan, de una manera u otra, con caballos. Ya no sólo son Orión y Maya, sino que se han incorporado a nuestras vidas otros dos caballos. Ambos tienen un pasado diferente pero igual de complicado: Kairos, un potro de cuatro años, llegó a nosotros con muchos problemas de conducta y traumas emocionales debido a la mala gestión de su vida y entrenamiento; e Indra, con tan sólo dos años, ya sabe lo que es pasar hambre y presenta un cuadro de desnutrición muy severo. Gracias a las historias que cuentan estos caballos (y muchos otros que he llegado a conocer), he podido llegar a la conclusión de que si informamos y formamos adecuadamente a los jinetes, casos como los de ellos serían prácticamente inexistentes.


  • Los caballos son mi actual motivación para llevar este proyecto adelante, pero sería mucho más complicado si no tuviéramos el apoyo de la gente con nosotros. Por ejemplo, la ayuda Good Vibes Equitación, otro proyecto cuya finalidad es el bienestar equino, lleva acompañándonos desde que mi perspectiva respecto al entrenamiento y trato hacia los caballos empezó a tomar un rumbo diferente. Gracias a ellos, tenemos la suerte de poder utilizar un material que suena acorde con nuestros valores e ideales, y hacen mucho más sencilla la labor de concienciar a otras personas, des de monturas con puentes intercambiables según las necesidades de tu caballo, a Rides On Pad, un sustituto a la monta a pelo que ayuda a distribuir el peso del jinete al dorso del caballo, y tantos productos más que ayudan al caballo a sentirse más seguros y cómodos en la monta.

    Hoy en día, las redes sociales también son una muy buena manera de dar a conocer tu trabajo. Al tiempo de ir compartiendo mi historia he podido llegar hasta 18.000 seguidores en Instagram, los que apoyan el seguimiento que hago junto a mis caballos.



  • Lo que me anima a seguir adelante con todo mi proyecto de vida, son ellos. Presenciar la transformación que hacen desde que llegan a mí hasta el momento presente: Cómo, poco a poco, vuelven a ser caballos. Esto me da esperanza y motivación para continuar haciendo lo que hago, por y para ellos. Y aunque ha habido y siguen habiendo momentos difíciles (porque los hay, ¡y muchos!) el verlos prosperar cada día, hace que cada lágrima y gota de sudor, valga la pena.

    Si me preguntaran qué cambiaría de esa Paola de hace unos siete años (la que por aquél entonces seguía entrenando y compitiendo de una manera muy “tradicional” y no tenía mucha idea de las necesidades del caballo), podría dar muchísimas respuestas. Pero, tras meditar bastante sobre el tema, he llegado a la siguiente conclusión: Todo lo que he vivido ha sido necesario para llegar a donde estoy ahora. Así que, no, no cambiaría nada al respecto, y animo a todas las personas que hayan leído este artículo a aprender de sus errores para así poder tratar de mejorar la vida de sus caballos, y la relación que tienen con ellos.

     


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